-que quiere decir ´me olvidé-
Laura,
de nuevo, Abril. Y en breves un año más, no quieres ni celebrarlo.
Lo que quieres en realidad es soplarle cosas al oído, pero de velas o de dientes de león no quieres ni que te hablen. Y el único olor a llama apagada, que ese solo sea el de las hogueras de la playa, en la noche más larga, la del día veintitrés.
Esta tarde se te agotaron los ánimos cuando recompusiste tu calendario. Menos de dos meses, y adiós Universidad. Vuelves en Septiembre, eso sí. Y mientras, a casa. Llegarás como el buen tiempo, más o menos, en Coruña el buen tiempo siempre es más o menos. Llevas casi un cuarto de siglo allí y aún no sabes cuándo podrás pisar las piedras de la playa sin chaqueta. Allí, la chaqueta siempre, aunque son las manos lo que siempre se te congela primero... Dos meses, pues, y vuelta a empezar. Tu litera. Tu gata. Tu hermana.
Tú, todo,tu todo.
Y hasta que vuelvas -delirio materno- solo centrarte en lo institucional. No más digresiones,no más salarios, solo lo institucional. Será complicado, pero de algún modo tendrás que reorientar tu vida hasta los exámenes. Esta tarde ha sido dura, la moral se te arrastraba por la avenida, pero luego escribiste y ya, fuera. Espeluznante el poder terapeútico que empiezan a tener los golpes rítmicos de las teclas. Cuesta, cuesta arriba. Pero luego ya, llegas a lo llano y te allanas a la situación.
Es un poco como en El extranjero. Mersault se allanó y mató, pero luego, sorprendentemente, no se vino abajo. Era el nihilismo personificado. Era sosiego. Brutalidad. Condescendencia. Curiosa reflexión la de Camus: un día su personaje se baña en la playa, al siguiente se pudre en la cárcel. Una putrefacción física, la moral ni siquiera se tambalea. Existencia y serenidad. Quizás si todos fuéseis un poco más Mersault...el mundo se iría a piques. O quizás no. Entre él y Holden Caufield... podrían sembrar el desasosiego más absoluto. Y eso que Camus y Salinger no te parecía que fuesen tan iguales, al menos su forma literaria. Excéntricas personas, cuanto menos. Jamás te apeteció tanto saber más sobre unos personajes ficticios. Labor efímera la de los seres de sus relatos, gran tarea de profundización psicológica la de ellos, por encima, controlando todo.
Y en el otro extremo, ahí está Dahl, el gran Roald Dahl. Sientes mucho amor por él. Roald Dahl, Alfred Hitchcock y Amy Winehouse, tu top three de muertos que admiras. Crudo pero cierto, como una ráfaga de aire congelado que no te esperas. Roald Dahl escribe para niños. Tú lo conociste de niña con sus obras de niños. También escribe para adultos. Luego tú creciste, y conociste su literatura de adultos. Aún no lo eras y te pensabas que sí. Y te reíste y te sorprendiste con las negras desgracias de sus personajes. Lo inesperado, sus Relatos Inesperados, tu biblia personal. Aún no has alcanzado la edad idónea, Laura; Roald Dahl siempre te vendrá grande.
Como el amor que es poesía. Y que es la poesía. Y, ¿qué es la poesía? Son sus ojos evasivos. Como los de Gala al mirar a Éluard. Ellos se enamoraron. Dos cuerpos jóvenes que se revolucionaron. Estaban en un sanatorio. El sanatorio estaba en una montaña. Era 1913. Era el nuevo siglo y hacía frio, pero allí encontraron el calor de algo más intenso. Ella, era lo masculino. Se disfrazaron y ella, masculina, se vistió de pierrot con él. Eran como dos hombres, ella no quería amigas, solo quería ser uno más, ser el más de sus (su)mas. Luego vivirían en París. Contacto surrealista. Dadaísta. Bretón. Tzara. Aragon. Cartas de amor que alguien recopiló. Movimientos subversivos, la vangüardia. Ella se aferraba a ellos. A él le empezaron a atraer ellos. Se incitaban a la poligamia. Mutuamente. Pero el amor seguía. Luego, con Max Ernst, todo se volvería mucho más raro. Una relación espectacular de tres. Y ella en medio, eso no le gustó nada. Él amaba a él, ellos la amaban a ella, ella amaba a ellos. Pero luego vio que pintaba poco y se fue. Se fue a pintar más, de la poesía a la pintura en un abrir y cerrar de ojos. Éluard la incitaba. Ella lo hizo. Y así se fue con Dalí, con quién se convertiría en Gala Dalí. Una historia ácida. A Éluard le partió el alma. Luego la rehizo, claro, las tiritas y los clavos sirven para algo, al fin y al cabo. Pero un alma rota, yo creo que un alma rota siempre tendrá las marcas. La sutura no es invisible.
Amaste la cultura francesa, Laura, la lengua y las costumbres. Los poetas y la subversión. El cine y la nueva ola.
Pero ya se te habrá olvidado.
Piensa sobre ello,
chica que fluye.
lau
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