miércoles, 23 de abril de 2014

fiquei

(que quiere decir "permanecí")

Laura,
menos de dos semanas de clase, y ya el fin de tu primer año lectivo en Madrid. Tú que pensaste que sería eterno, errabas! Volverás -no- a Región, sino a casa, pero los giros argumentales, la introspección y el misticismo también estarán presentes. Puedo pronosticártelo. 
Ahora toca recuperación; las vacaciones preestivales, siempre santas, se te han hecho más empalagosas de lo que pensaste. Una muela del juicio, un vestigio bucal, sabes? Se te rebeló con rabia. Algia. Mucha. Como si estuviese poniendo en entredicho tu juicio...bendita sabiduría! La que tiene el cuerpo, la que tiene la naturaleza. Un remedio certero -pero valga la redundancia- te ha puesto en tela de juicio. Hola insensatez, (bienvenida seas), adiós madurez, (no vuelvas a dolerme así la próxima vez).

Un vacío más en la boca y un poco menos de preocupación en la cabeza.Como explica Susane Sontag en su ensayo, Ante el dolor de los demás, solemos ser ciegos, al menos espiritualmente, a todo lo que no se trata de nuestro dolor propio. Pecamos de egocentrismo a todas horas. La conmoción está ahí, pero solo es latente cuando hay una huella de la realidad, en forma de foto, de vídeo, de reportaje...De una guerra, de un conflicto, de un atentado, de un ajuste de cuentas. Pero tiene que ser algo visceral. La sangre vende. Por eso, los contenidos en que se ve sangre, explicitamente, ocupan las primeras planas de los periódicos y las cabeceras de los informativos.  Cruel. Pero sobre todo, certero.

Como en los concursos de bailes de los años 20. Danzaban y danzaban, esos malditos, como en la magistral película de Pollack. Su nombre, el mismo que el de la novela de McCoy en que se basa,  They Shoot the Horses, Don´t They?. Bailaban por dinero hasta la extenuación. Eran los años 20 y no tenían pan ni otro par de medias. Y sus estómagos, sus estómagos estaban tan agujereados como las suelas de sus  zapatos. Entonces, había concursos de resistencia de baile. No tenían ni que bailar, solo permanecer de pie, y cada dos horas, un descanso de diez minutos. Y aguantar así días. Y semanas, y hasta meses. Noche y día sin descanso. Y al final, para qué? Para salir adelante unos pocos meses más, con un premio en metálico que se les agotaba como la energía. El título de la novela, ya se sabe por dónde van los tiros, -y nunca mejor dicho-, el dolor animal se liquida antes de que vaya a más. Una pata quebrada y ya, pum! adiós caballo. Debería ser así con los humanos? Por qué no, si al final, también son solo bestias? Van a dos patas, sí, pero en el momento en que su estabilidad se tambalea -ya para siempre, ya para un rato- y su vitalidad se esfuma, de uno u otro modo, ¿lo lógico no sería optar por despojársela del todo?

En fin, el mundo a veces está muy patas arriba. Como cuando el Sr. Samsa se despierta metamorfoseado y es incapaz de darse la vuelta, condenado a sostenerse en equilibrio sobre su negro, oscuro, inestable, caparazón. No sé, Laura, quizás sea solo en la teoría cuando te pones reivindicativa. Cadaquén coma é. Aínda que sexa na teoría. Antes infravalorabas el gallego. Pobre tú. Tuvo que venir tu madre, del otro lado de España, a demostrarte lo que de verdad significa. Tienes prejuicios, aún, todavía, lo sé. Se te nota en la mirada, pero esa es otra historia. Y el proceso de superación no ha hecho más que empezar. No hay como estar lejos de casa para echar de menos las costumbres...Y quien lo niegue es que no sabe nada. A Galicia siempre se vuelve, aunque tú en realidad no quieres reconocerlo.

Cuídate, Laura, y sé muy feliz. Espero que cuando vuelvas a leer esto, dentro de unos ocho, diez, u once años, tu sueño profesional se haya hecho realidad. O al menos, hayas hecho lo imposible por intentarlo.

Acuérdate de mí, y de tus -fútiles, o quizás no tanto- sueños juveniles.

Te quiere,
lau



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