miércoles, 30 de abril de 2014

lembreime


(que quiere decir " me acordé")

Laura,

hoy recordaste El mago de Oz. En el tren, sin venir a cuento. Un pensamiento disparado a raíz de una de las frases de Marías. Ya no recuerdas ni cuál era la frase que hizo que enlazases ese sentimiento, pero recuerdas las imágenes que te pasaron por la cabeza. Devoraste la novela de Baum, la devoraste en apenas un día. Luego, te lo regalaron, pero ya no fue lo mismo. Creo que nunca llegaste a leer del todo tu ejemplar. En realidad, podría haber sido por el el hecho de que fuese antiguo, lo de que te gustase más. Un libro abandonado a sus anchas, en una estantería en un salón de una familia que no era la tuya. Alguien se lo habría leído, seguramente hacia ya mucho. Una comida con amigos, en su casa, y allí lo encontraste. Lo viste, lo curioseaste. Luego lo empezaste. Ensimimasmiento y ya, la noche! La película te gustó solo la primera vez. Detestabas los musicales, eso hoy aún es. Y después de Baum, reafirmaste tu gusto por Roald Dahl, el gran Dahl! Antes de secundaria, ya conocías casi toda su literatura infantil. Alucinaste con Los Cretinos, moriste de amor con Agu Trot (que significa ´tortuga´), te entusiasmaste como los abuelos de Charlie cuando éste encontró el billete dorado, e incluso, descubriste con él la poesía, con los pareados animales de El cocodrilo enorme. Sin duda, te quedabas con el del cerdo, que empezaba así:

 Hubo una vez un cerdo en Inglaterra, 
que fue el bicho más listo de la Tierra. 
Era un tipo genial, todo un portento, 
una cabeza llena de talento. 
Hacía largas sumas de memoria, 
leía gruesos libros sobre Historia. 
Sabía muchas cosas...y al final 
se planteaba la cuestión fatal. 


Mucho después te hiciste con el libro, para disfrutarlo de nuevo, y que lo disfrutase también tu hermana, tu pequeña. Y releyéndolo, te preguntaste acerca de la magia de las palabras. Y del cómo era posible que también la traducción encajase en la rima. Supiste que eso no lo hacía Dahl, pero ni por eso dejó de fascinarte. Con doce años, tuviste que leer Boy, sus relatos de infancia, y te gustó aún más. Nunca se te olvidará la descripción acerca de cómo le extirparon las amígdalas. Y sus trabajos como piloto, para la Shell. Ahora cada vez que ves un cartel de eso, te acuerdas de Dahl. Tuviste que leerte ese libro, ese primer año de instituto, pero también Momo. Curiosamente, la otra obra de Ende, La historia Interminable,  nunca pudiste terminarla...No te quedaba mucho del libro, pero la creación del nuevo mundo se te hizo tan pesada que lo dejaste. Totalmente. Y nunca le diste otra oportunidad. Te habías obsesionado con Atreyu pero luego, ni Fujur te dio ganas para continuar. Pero esa es otra historia.

Unos años después, descubriste Los relatos de lo inesperado, relatos breves, de humor negro, muy ácido. Satíricos. Psicóticos. Y desde entonces, fue el primer libro que recomendabas a quién te preguntaba. Aunque La maravillosa medicina de Jorge...ese también te chocó mucho. Es infantil, sí, pero tan fluído, tan intenso. Iba de un niño, y una abuela horrible. Al revés que la de Las Brujas. Él tenía que darle la medicina, pero le caía tan mal, que se inventó una nueva, mezclando todos los potingues y líquidos y sólidos que había en su casa. Tú también querías hacer esa mezcla. Sin la parte de la abuela, por supuesto. La tuya es una mujer increíble. Nunca se lo dices lo suficiente, Laura, ni eso ni lo que la quieres. A veces, estás tan a la tuya que no ves más que lo que tienes delante de los ojos. Pero la gente, tu gente, la familia, apoya desde atrás. Es un sustento, hace que no te caigas, y que puedas seguir avanzando. Por eso no siempre se ve, pero tienes que saber que está ahí. Y ser más desinteresada. Espero que consigas mejorar esto. Nadie es perfecto, pero tú mejor que nadie sabes cuáles son tus carencias.

Hasta aquí hoy. Ha sido reflexiva la diatriba de hoy.

Cuídate mucho, chica que fluye,
y sé feliz,
y mantén la cordura,
y no pierdas la chispa.
Te lo sugiere,
lau

miércoles, 23 de abril de 2014

fiquei

(que quiere decir "permanecí")

Laura,
menos de dos semanas de clase, y ya el fin de tu primer año lectivo en Madrid. Tú que pensaste que sería eterno, errabas! Volverás -no- a Región, sino a casa, pero los giros argumentales, la introspección y el misticismo también estarán presentes. Puedo pronosticártelo. 
Ahora toca recuperación; las vacaciones preestivales, siempre santas, se te han hecho más empalagosas de lo que pensaste. Una muela del juicio, un vestigio bucal, sabes? Se te rebeló con rabia. Algia. Mucha. Como si estuviese poniendo en entredicho tu juicio...bendita sabiduría! La que tiene el cuerpo, la que tiene la naturaleza. Un remedio certero -pero valga la redundancia- te ha puesto en tela de juicio. Hola insensatez, (bienvenida seas), adiós madurez, (no vuelvas a dolerme así la próxima vez).

Un vacío más en la boca y un poco menos de preocupación en la cabeza.Como explica Susane Sontag en su ensayo, Ante el dolor de los demás, solemos ser ciegos, al menos espiritualmente, a todo lo que no se trata de nuestro dolor propio. Pecamos de egocentrismo a todas horas. La conmoción está ahí, pero solo es latente cuando hay una huella de la realidad, en forma de foto, de vídeo, de reportaje...De una guerra, de un conflicto, de un atentado, de un ajuste de cuentas. Pero tiene que ser algo visceral. La sangre vende. Por eso, los contenidos en que se ve sangre, explicitamente, ocupan las primeras planas de los periódicos y las cabeceras de los informativos.  Cruel. Pero sobre todo, certero.

Como en los concursos de bailes de los años 20. Danzaban y danzaban, esos malditos, como en la magistral película de Pollack. Su nombre, el mismo que el de la novela de McCoy en que se basa,  They Shoot the Horses, Don´t They?. Bailaban por dinero hasta la extenuación. Eran los años 20 y no tenían pan ni otro par de medias. Y sus estómagos, sus estómagos estaban tan agujereados como las suelas de sus  zapatos. Entonces, había concursos de resistencia de baile. No tenían ni que bailar, solo permanecer de pie, y cada dos horas, un descanso de diez minutos. Y aguantar así días. Y semanas, y hasta meses. Noche y día sin descanso. Y al final, para qué? Para salir adelante unos pocos meses más, con un premio en metálico que se les agotaba como la energía. El título de la novela, ya se sabe por dónde van los tiros, -y nunca mejor dicho-, el dolor animal se liquida antes de que vaya a más. Una pata quebrada y ya, pum! adiós caballo. Debería ser así con los humanos? Por qué no, si al final, también son solo bestias? Van a dos patas, sí, pero en el momento en que su estabilidad se tambalea -ya para siempre, ya para un rato- y su vitalidad se esfuma, de uno u otro modo, ¿lo lógico no sería optar por despojársela del todo?

En fin, el mundo a veces está muy patas arriba. Como cuando el Sr. Samsa se despierta metamorfoseado y es incapaz de darse la vuelta, condenado a sostenerse en equilibrio sobre su negro, oscuro, inestable, caparazón. No sé, Laura, quizás sea solo en la teoría cuando te pones reivindicativa. Cadaquén coma é. Aínda que sexa na teoría. Antes infravalorabas el gallego. Pobre tú. Tuvo que venir tu madre, del otro lado de España, a demostrarte lo que de verdad significa. Tienes prejuicios, aún, todavía, lo sé. Se te nota en la mirada, pero esa es otra historia. Y el proceso de superación no ha hecho más que empezar. No hay como estar lejos de casa para echar de menos las costumbres...Y quien lo niegue es que no sabe nada. A Galicia siempre se vuelve, aunque tú en realidad no quieres reconocerlo.

Cuídate, Laura, y sé muy feliz. Espero que cuando vuelvas a leer esto, dentro de unos ocho, diez, u once años, tu sueño profesional se haya hecho realidad. O al menos, hayas hecho lo imposible por intentarlo.

Acuérdate de mí, y de tus -fútiles, o quizás no tanto- sueños juveniles.

Te quiere,
lau



jueves, 3 de abril de 2014

esquecínme


-que quiere decir ´me olvidé-

Laura,
de nuevo, Abril. Y en breves un año más, no quieres ni celebrarlo.
Lo que quieres en realidad es soplarle cosas al oído, pero de velas o de dientes de león no quieres ni que te hablen. Y el único olor a llama apagada, que ese solo sea el de las hogueras de la playa, en la noche más larga, la del día veintitrés.

Esta tarde se te agotaron los ánimos cuando recompusiste tu calendario. Menos de dos meses, y adiós Universidad. Vuelves en Septiembre, eso sí. Y mientras, a casa. Llegarás como el buen tiempo, más o menos, en Coruña el buen tiempo siempre es más o menos. Llevas casi un cuarto de siglo allí y aún no sabes cuándo podrás pisar las piedras de la playa sin chaqueta. Allí, la chaqueta siempre, aunque son las manos lo que siempre se te congela primero... Dos meses, pues, y vuelta a empezar. Tu litera. Tu gata. Tu hermana.
Tú, todo,tu todo.

Y hasta que vuelvas -delirio materno- solo centrarte en lo institucional. No más digresiones,no más salarios, solo lo institucional. Será complicado, pero de algún modo tendrás que reorientar tu vida hasta los exámenes. Esta tarde ha sido dura, la moral se te arrastraba por la avenida, pero luego escribiste y ya, fuera. Espeluznante el poder terapeútico que empiezan a tener los golpes rítmicos de las teclas. Cuesta, cuesta arriba. Pero luego ya, llegas a lo llano y te allanas a la situación.

Es un poco como en El extranjero. Mersault se allanó y mató, pero luego, sorprendentemente, no se vino abajo. Era el nihilismo personificado. Era sosiego. Brutalidad. Condescendencia. Curiosa reflexión la de Camus: un día su personaje se baña en la playa, al siguiente se pudre en la cárcel. Una putrefacción física, la moral ni siquiera se tambalea. Existencia y serenidad. Quizás si todos fuéseis un poco más Mersault...el mundo se iría a piques. O quizás no. Entre él y Holden Caufield... podrían sembrar el desasosiego más absoluto. Y eso que Camus y Salinger no te parecía que fuesen tan iguales, al menos su forma literaria. Excéntricas personas, cuanto menos. Jamás te apeteció tanto saber más sobre unos personajes ficticios. Labor efímera la de los seres de sus relatos, gran tarea de profundización psicológica la de ellos, por encima, controlando todo.

Y en el otro extremo, ahí está Dahl, el gran Roald Dahl. Sientes mucho amor por él. Roald Dahl, Alfred Hitchcock y Amy Winehouse, tu top three de muertos que admiras. Crudo pero cierto, como una ráfaga de aire congelado que no te esperas. Roald Dahl escribe para niños. Tú lo conociste de niña con sus obras de niños. También escribe para adultos. Luego tú creciste, y conociste su literatura de adultos. Aún no lo eras y te pensabas que sí. Y te reíste y  te sorprendiste con las negras desgracias de sus personajes. Lo inesperado, sus Relatos Inesperados, tu biblia personal. Aún no has alcanzado la edad idónea, Laura; Roald Dahl siempre te vendrá grande.

Como el amor que es poesía. Y que es la poesía. Y, ¿qué es la poesía? Son sus ojos evasivos. Como los de Gala al mirar a Éluard. Ellos se enamoraron. Dos cuerpos jóvenes que se revolucionaron. Estaban en un sanatorio. El sanatorio estaba en una montaña. Era 1913. Era el nuevo siglo y hacía frio, pero allí encontraron el calor de algo más intenso. Ella, era lo masculino. Se disfrazaron y ella, masculina, se vistió de pierrot con él. Eran como dos hombres, ella no quería amigas, solo quería ser uno más, ser el más de sus (su)mas. Luego vivirían en París. Contacto surrealista. Dadaísta. Bretón. Tzara. Aragon. Cartas de amor que alguien recopiló. Movimientos subversivos, la vangüardia. Ella se aferraba a ellos. A él le empezaron a atraer ellos. Se incitaban a la poligamia. Mutuamente. Pero el amor seguía. Luego, con Max Ernst, todo se volvería mucho más raro. Una relación espectacular de tres. Y ella en medio, eso no le gustó nada. Él amaba a él, ellos la amaban a ella, ella amaba a ellos. Pero luego vio que pintaba poco y se fue. Se fue a pintar más, de la poesía a la pintura en un abrir y cerrar de ojos. Éluard la incitaba. Ella lo hizo. Y así se fue con Dalí, con quién se convertiría en Gala Dalí. Una historia ácida. A Éluard le partió el alma. Luego la rehizo, claro, las tiritas y los clavos sirven para algo, al fin y al cabo. Pero un alma rota, yo creo que un alma rota siempre tendrá las marcas. La sutura no es invisible.

Amaste la cultura francesa, Laura, la lengua y las costumbres. Los poetas y la subversión. El cine y la nueva ola.
Pero ya se te habrá olvidado.

Piensa sobre ello,
chica que fluye.
lau